What Changed After the Initial Review
Cuando terminó la primera auditoría de los envases, quedaron tres observaciones concretas sobre la mesa. Ninguna era grave, pero todas tocaban el mismo punto: cómo se comporta el vidrio cuando sale del almacén y llega a la línea de llenado.
Lo primero que ajustamos fue el separador entre capas de pallet. El cartón corrugado que usábamos cumplía, pero con botellas de 500 ml y pared gruesa el peso por columna subía más de lo previsto. Pasamos a un separador de mayor gramaje y redujimos una fila por nivel en los pallets mixtos. El cambio no afecta la cantidad total del lote, solo la forma en que se apila.
El segundo punto tenía que ver con las tapas de aluminio de 38 mm. En la revisión inicial medimos el sellado al vacío con la prensa calibrada de fábrica, y el resultado era correcto. Pero al replicar la prueba con equipos de distinta antigüedad, el torque variaba. Desde entonces enviamos una ficha técnica por lote con el rango de prensado recomendado, para que cada planta ajuste según su propia línea.
El tercer cambio es de logística. Antes consolidábamos frascos conserveros y botellas en el mismo camión sin distinguir el orden de descarga. Ahora los pallets de frascos de boca ancha van al fondo, porque son los que más se mueven en el trayecto desde Coronel Oviedo hacia las plantas del interior. Es un detalle menor en papel, pero se nota cuando el transportista descarga en dos o tres paradas.
Nada de esto cambió el producto en sí. El vidrio sigue siendo el mismo, el grosor de pared no se tocó y las tapas mantienen la junta de sellado original. Lo que cambió fue el envoltorio operativo: cómo se documenta, cómo se apila y cómo se entrega. Es la parte que no se ve en una foto de catálogo, pero es la que decide si un lote llega entero a la planta.